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La memoria histórica como elemento de restablecimiento de derechos de niños, niñas y adolescentes víctimas del desplazamiento forzado por la violencia en Colombia

 

I. Contexto e impactos del desplazamiento en el desarrollo de NNA y el marco jurídico para la protección de sus derechos fundamentales

A. Generalidades del contexto del desplazamiento en NNA

En un país cuya realidad evidencia que “los conflictos armados se han prolongado durante años y han expuesto a generaciones de niños, niñas y jóvenes a niveles preocupantes de violencia” y en donde la “lógica de la guerra se ha vuelto nefasta para su desarrollo” (Bello, 2000, p.54), resulta preocupante encontrar que desde hace más de una década se vienen realizando investigaciones en el tema de las afectaciones del conflicto armado y del desplazamiento en NNA, sin que haya habido una intervención real del Estado Colombiano para evitar que esta situación se prolongue en el tiempo. Lo que se evidencia fácilmente al revisar cifras:

  • Según proyecciones del DANE para el 2013, de los 15.530.293 NNA entre 0 y 17 años estaban en condición de vulnerabilidad 1.177.926[1], en pobreza extrema 362.237 e incluidos en el SIPOD 611.395 NNA[2].
  • 445.406 desplazados en Colombia, cifra acumulada entre el 1º de enero 1985 y el 31 de diciembre de 2011 (CODHES, 2012, p.8), de los cuales 2.520.512 son menores de edad, 70 fueron víctimas de violencia sexual, 154 de desaparición forzada, 154 de homicidio y 342 de MAP/MUSE (CMH, 2013, p.315).
  • El CONPES 3726 de 2012, indica que según el RUPD, el 36% de las víctimas de desplazamiento son menores de edad, de los cuales el 7% eran de la primera infancia, el 21% infantes y el 8% adolescentes.

Según la Fundación Dos Mundos “independientemente de las cifras, lo cierto es que NNA sufren diversos y profundos impactos por el hecho mismo del desplazamiento, haciendo de ellos uno de los grupos más afectados, no sólo por las carencias materiales que afrontan al huir de su lugar de origen, sino por las posibilidades de verse separados de sus familias y por el efecto que tiene el desarraigo en la capacidad de agenciar sus propios proyectos de vida” (2007, p.6).

Se destaca de esta breve descripción de los impactos del desplazamiento, el desarraigo, entendido de manera simple como el “separar a alguien del lugar o medio donde se ha criado, o cortar los vínculos afectivos que tiene con ellos”[3], lo que ya implica violencia y es precisamente esa separación la que no entienden los NNA e igual genera en ellos efectos profundos “donde todos los vínculos se quiebran” (Mariño, 2003, p. 54) y se pierde entonces la identidad forjada hasta el momento en que ocurre el desplazamiento.

En sentido similar, “el desplazamiento forzado puede ocasionar, directa o indirectamente, múltiples repercusiones y efectos –negativos casi siempre- a corto, mediano y largo plazo en el bienestar, la salud física y emocional y las posibilidades de desarrollo personal de los niños, niñas y jóvenes en situación de desplazamiento” (Bello, 2000, p. 142), y desde luego, se debe siempre entender que estos efectos además de provocar el desarraigo sufrido la mayor de las veces en silencio, generan además su invisibilización.

Según esto, no hay discusión en que el desplazamiento tiene un mayor impacto negativo en los NNA que en el resto de la población víctima de este flagelo social, al tratarse de personas en proceso de formación cuyo intelecto y esfera emocional se encuentra en formación, y con una inmadurez psicológica que los hace más vulnerables a los efectos adversos de la violencia que trae consigo el fenómeno del desplazamiento por cuanto “son testigos o víctimas directas de traumáticos hechos violentos y son arrojados a nuevos espacios de vida que ahondan las circunstancias difíciles del desarraigo” (CODHES, 2008, p.103).

Impacto que resulta desproporcionado para los NNA que lo sufren de forma directa o vivencial o por el hecho de la “desintegración familiar, asociada a la ausencia del padre (por muerte violenta, abandono o separación forzada) y a la emergencia de la madre como cabeza de familia que enfrenta con sus hijos el reto de sobrevivir en condiciones adversas por la negación de sus derechos” (CODHES, 2008, p.103).

Estas condiciones adversas implican una marcada afectación psicológica en los NNA quienes no encuentran una explicación al desarraigo ni a las demás violaciones de las que son objeto.

El Centro de Memoria Histórica –CMH–, señala en informe presentado en 2013 que jóvenes entre 18 y 25 años de edad, relataron sus “crudas experiencias de violencia cuando aun eran niños y niñas. A sus cortas edades, escucharon la orden de los actores armados para que sus padres o madres salieran de sus casas o descendieran de los buses en los que se transportaban, y vieron cómo eran interrogados, humillados, maltratados y asesinados” (2013, p.315).

Estas experiencias los marcaron para siempre, máxime si además de presenciar estos hechos “también fueron sometidos a interrogatorios, golpizas, amenazas y humillaciones por los actores armados que esperaban obtener información o presionar a sus padres o madres” (2013, p. 316).

Esta descripción, evidencia la realidad vivida por cientos de miles de NNA en Colombia, que deja en ellos una huella imborrable y les cambiará de manera definitiva su modo de sentir y percibir la vida. Es así como nacer o crecer en situación de desplazamiento marca una condición crítica en su existencia, tanto a nivel individual como social, en la medida en que se niegan sus derechos básicos y se prolonga de manera indefinida la situación de exclusión, marginalidad y pobreza a que son sometidos” (CODHES, 2008, p.103), es decir, su invisibilización ante el Estado y la sociedad.